El coprocesamiento de biomasa y metano evitado. séptimo eje, es una práctica que permite aprovechar la energía contenida en los residuos orgánicos para producir clínker. Este proceso no solo genera energía útil, sino que también ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente el metano, uno de los más dañinos para el clima.
La biomasa es la parte orgánica de los residuos, como restos agrícolas, maderas, harinas de origen animal o lodos. En lugar de desecharse o quemarse al aire libre, estos materiales pueden utilizarse como combustibles alternativos en los hornos cementeros. De esta manera, se aprovecha su energía térmica y se evita el uso de combustibles fósiles tradicionales.
Además, cuando la biomasa se coprocesa en los hornos, se evita que estos residuos terminen en rellenos sanitarios, donde liberarían metano (CH₄) al descomponerse. Este gas tiene un poder de calentamiento global 28 veces mayor que el dióxido de carbono (CO₂) a largo plazo, y hasta 85 veces mayor en un período de 20 años.
A nivel mundial, la biomasa representa alrededor del 9% de la energía utilizada en los hornos cementeros (GNR 2022). Dentro de ese porcentaje:
En Argentina, el coprocesamiento total alcanza el 7%, y el uso de biomasas representa el 4% de la energía utilizada por los hornos. Este valor es similar al uso de combustibles alternativos fósiles, lo que muestra un equilibrio entre ambas fuentes. Sin embargo, para aumentar la participación de la biomasa será necesario contar con marcos regulatorios adecuados y el reconocimiento legal del metano evitado como parte de los esfuerzos de mitigación climática.
El crecimiento del coprocesamiento de biomasa enfrenta varios desafíos que deben abordarse para aprovechar todo su potencial:
El coprocesamiento de biomasa ofrece múltiples beneficios ambientales, económicos y sociales:
El coprocesamiento de biomasa y el aprovechamiento del metano evitado representan una oportunidad concreta para avanzar hacia una industria cementera más limpia y sostenible. Con políticas adecuadas, innovación tecnológica y colaboración entre sectores, es posible transformar los residuos orgánicos en energía útil, reducir emisiones y fortalecer la economía circular. Este enfoque no solo mejora la eficiencia energética, sino que también contribuye activamente a la protección del planeta.